Fiestas Patronales

San Antonio de Padua – 13 de junio.

San Antonio de Padua es conocido también bajo el nombre de “El Santo de los Milagros”, “El Arca del Testamento” y “El Santo de todo el mundo”. Con este último título lo llamaba el Papa León XIII, y no exageraba, ya que San Antonio de Padua, es sin duda alguna, el santo más popular de la Iglesia, venerado sobre todo, por la gente humilde que sabe descubrir en él la ayuda y el ejemplo en las cosas ordinarias y sencillas. Antiguamente había una bonita tradición que era la de comprar un pan el 13 de junio (onomástica de San Antonio) y regalarlo a una persona necesitada. Actualmente, algunos han sustituido el pan por un bocadillo.

También hay otra tradición muy popular, que se ha perdido con el tiempo que era la de comprar, también el 13 de junio, un pan y guardarlo en el hogar en una bolsa blanca durante todo el año. Cuando pasaba este tiempo se mojaba con agua y se les daba a los pájaros. Se decía que nunca faltaría pan en la casa donde había estado.

Suelen ser tres días de fiesta consecutivos al 13, aunque la víspera ya se prepara en la plaza una chorizada con panceta y vino, para que acudan todos los vecinos, y a la que están invitadas las personas que se acerquen al pueblo. Durante los tres días oficiales, por las mañanas se hacen concursos para los niños, mientras que por las tardes la gente discurre más entre los bares y el salón de baile. Por supuesto no faltan las misas en honor a San Antonio, donde se recorre el pueblo en procesión llevando al Santo. Más tarde se reúne todo el mundo en los bares para tomarse el tradicional vermut hasta la hora de comer.

No se puede olvidar la visita obligada a las bodegas, ya sea para merendar o cenar, o simplemente para pasar el rato en buena compañía. Las noches, en la plaza del pueblo o en alguna nave (depende del tiempo), son amenizadas con una verbena hasta las 2 o las 3 de la madrugada. Es entonces cuando la gente de los pueblos de alrededor se acerca para pasarlo bien.

Tradiciones

La Cofradía del Cristo de San Miguel

La devoción a este Cristo de San Miguel se retrotrae al siglo XV, cuando la imagen se encontraba ubicada en la antigua iglesia de San Miguel, situada en el extremo más septentrional del pueblo, a la derecha del camino viejo de Frómista o Camino de Santiago. Posteriormente cuando esta iglesia desapareció la imagen del Cristo se trasladó a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, donde se encuentra actualmente.

Esta ubicación de la iglesia de San Miguel es recordada por una leyenda tradicional, según la cual al pasar el Cristo en procesión frente al lugar donde se asentaba la iglesia de San Miguel, la imagen se volvía más pesada como si quisiera quedarse en el templo donde estuvo originariamente.

La Cofradía del Santísimo Cristo de San Miguel, cuenta con una antigüedad de más de 150 años. Su fundación se produce en el 1854, y este mismo año se elabora el Reglamento de organización y funcionamiento interno.

El día 30 de abril dan comienzo con la novena, los actos religiosos en honor al Cristo de San Miguel. Durante este día y los 8 siguientes por la tarde, se celebra en la Parroquia una ceremonia de devoción, con oraciones, lecturas, letanías y otros actos piadosos, que finalizan el 8 de mayo, día de la fiesta.

Cofradía de San Isidro Labrador

Celebra su fiesta el día 15 de mayo, cuenta con una antigüedad de 160 años, se constituyó allá por el año 1840. San Isidro Labrador es el patrono de los agricultores del mundo. A los 43 años de haber sido sepultado en 1163 sacaron del sepulcro su cadáver y estaba incorrupto, como si estuviera recién muerto. Las gentes consideraron esto como un milagro. Poco después el rey Felipe III se hallaba gravísimamente enfermo y los médicos dijeron que se moriría de aquella enfermedad. Entonces sacaron los restos de San Isidro del templo y tan pronto como los restos salieron del templo, al rey se le fue la fiebre y al llegar junto a él los restos del santo se le fue por completo la enfermedad. A causa de esto el rey intercedió ante el Sumo Pontífice para que declarara santo al humilde labrador, y por este y otros muchos milagros, el Papa lo canonizó en el año 1622 junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Francisco Javier y San Felipe Neri.